
Ayer mismo nos hacíamos eco del anuncio de Rodrigo Rato, presidente de Bankia y BFA, de abandonar ambas entidades. El Gobierno y el Banco de España se encuentran ultimando un plan de saneamiento para Bankia que garantice su viabilidad futura y tranquilice a sus clientes, inversores y a los mercados. De hecho, el propio Presidente del Gobierno manifestó ayer que cabe la posibilidad de rescatar a entidades financieras con dinero público siempre que fuera necesario y en última instancia. Una decisión que ha suscitado todo tipo de opiniones y críticas tanto de los ciudadanos como de otros partidos políticos.
Sin embargo, sorprende la postura del PSOE, y en especial de su secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando sus declaraciones distan bastante de su propia actuación cuando estaban en el Gobierno. Y es que viene bien refrescar la memoria a Rubalcaba, ahora que critica la “deplorable” gestión del Gobierno por no tranquilizar a los ahorradores y por no garantizar que el dinero inyectado en Bankia no saldrá del bolsillo de los ciudadanos.
Parece que Rubalcaba se ha olvidado que fue uno de los principales impulsores, como miembro destacado del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, del fondo creado en 2008 para inyectar hasta 50.000 millones, con cargo al Tesoro Público, a la banca española, con la escusa de que así se iba a reactivar el crédito tanto para empresas como para las familias. La realidad es que ese dinero no lo vieron por ningún lado ni pymes ni familias. Es decir, se les dió una cantidad de dinero elevadísima a fondo perdido y de la que no se ha recuperado ni un céntimo.
Además, se puede estar de acuerdo o no con salvar a una entidad financiera, y cabe todo tipo de interpretaciones, pero no hay que hacer demagogia barata cuando uno ha hecho algo más grave. Ya que si se produce se produce la inyección de entre 7.000 y 10.000 millones de euros a Bankia, esta ayuda pública se realizaría en forma de bonos contingentes convertibles, con un interés del 8% que debería abonar al Estado la entidad. Es decir, se les está prestando un dinero, no dando a fondo perdido que es lo que sí que hizo el Gobierno del que formaba parte Rubalcaba.
Pero aún hay más, ese mismo año el Gobierno socialista “premió” a los altos ejecutivos de bancos y cajas rebajando su fiscalidad, además con efectos retroactivos. A través de esa medida, los altos ejecutivos del sector financiero español pasaron a tributar al Impuesto sobre la renta de las personas Físicas (IRPF) al tipo reducido del 18% en lugar del 43% que les correspondía hasta entonces. En plena crisis económica, ofreciendo una inyección de 50.000 millones para salvar a la banca española, pero al mismo tiempo a sus directivos se les premiaba rebajando notablemente su fiscalidad.